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domingo, 31 de julio de 2011

DECISIONES



Una columna de un periódico debe, a mi entender, conjugar la información o la reflexión con la amenidad, con el rigor, la crítica o la ironía en un espacio pequeño. No es fácil. Desde los jueves sociales del periódico Extremadura Pilar Galán cumple con estos requisitos y llama nuestra atención cada semana desde las más diversas perspectivas, lo que nos obliga a plantearnos ciertas dudas sobre los acontecimientos y el mundo que nos rodea y sobre aquellos que deciden y sobre lo que deciden. Por ejemplo, este jueves habla de la decisión del Instituto Cervantes de publicar una guía de comunicación no sexista, de inminente aparición.
Estoy de acuerdo con ella (con Pilar, no con la publicación) en que este puede ser un gasto realmente innecesario. Las transformaciones de las personas no se producen por el mero hecho de inventar nuevas palabras, de dulcificar y enmascarar el lenguaje de modo forzado y artificial para hacer de él exclusivamente un manual de lo políticamente correcto.
El lenguaje y el pensamiento son dos caras de una misma moneda que reflejan lo que somos. Esta imagen nuestra en el lenguaje se ha ido decantando y puliendo con los siglos de uso y abuso, con sus luces y sus sombras, y es difícil cambiar el ser de las cosas por el mero hecho de que de pronto empecemos a denominarlas de otra manera de modo oficial. Así solo conseguiremos adormecer nuestro sentido crítico, nuestra voluntad de cambio y progreso, al vernos rodeados de palabras blandas que nada significan ni ponen nada en tela de juicio.
Es la mente, lo que pensamos, lo que nos hacer ser lo que somos, la que debe transformarse poco a poco y, por lo tanto, cambiarnos en nuestro modo de plantear y concebir nuestras relaciones con los demás y con el lugar que habitamos. En paralelo, cambiará nuestro modo de expresarnos, en consonancia con otra actitud y otra forma de ver la realidad y a los que nos rodean. Pensar de otra manera también significará, a la hora de tomar decisiones, no recortar en lo imprescindible y alejarse de lo redundante y banal, que tantos disgustos nos ha dado en estos tiempos.



sábado, 23 de abril de 2011

LA CIGARRA Y LA HORMIGA



Les invito a que lean la columna que Pilar Galán escribe todos los jueves en la última del Periódico de Extremadura. La del jueves 21 de abril describe con precisión, ironía y sentido del humor nuestra sociedad actual a través de la fábula de la cigarra y la hormiga y su moraleja que, como dice ella, vamos a tener que ir cambiando, dadas las circunstancias y la situación de las cigarras que han proliferado en nuestra sociedad, dadas las ventajas que ahora tienen. Así cualquiera.

Como lector agradezco a Pilar que sea capaz de hacer que sonriamos con sus críticas y sus diagnósticos, siempre certeros pero aderezados con el sarcasmo y la sorna, salsa primordial que siempre los hace más digeribles.

miércoles, 14 de abril de 2010

GRANDES SUPERFICIES


Mientras llueve afuera leo con avidez Grandes superficies, de Pilar Galán, su última novela escrita a trozos, en capítulos cortos, en los que diferentes personajes van pasando a través de la mirada de una cajera, que los va describiendo en su acontecer rutinario. Personajes más preocupados por el qué dirán que por el propio decir. Gente común, anónima, de los que sólo conocemos su nombre (Mateo, Loli, Nieves, Miguel, Rosario, Natalia,…) o su apodo (“el Piche”, “el Chopped”), historias en las que Pilar Galán conjuga con maestría lo poético y lo cotidiano, lo vulgar y la nostalgia de lo culto, la ternura y el humor ácido, haciendo un análisis crítico de la sociedad actual y de sus miserias.
Mientras leía la novela, que está concebida, creo, como una serie de relatos cortos, no dejaba de venirme a la memoria La colmena, en la que Cela retrata una época de la España de posguerra. Aunque aquella era más gris, más oscura y latía más tristeza y más hambre en sus páginas, Grandes superficies retrata un ambiente parecido (aunque tan diferente en el espacio y en el tiempo), un lugar en el que los personajes que entran y salen por boca de la narradora van dibujando, con sus actitudes y su decir, escenarios y situaciones que sentimos más cercanos, más nuestros ya; sin embargo, estos personajes son más intrascendentes, menos tristes (al menos en apariencia), aunque también anodinos y arrastrando sus miserias morales y espirituales y sus frustraciones. Esta crónica analítica de la cotidianeidad es también una radiografía feroz y melancólica al mismo tiempo del mundo que nos está tocando vivir, que se ufana de la incultura, que eleva a la categoría de máxima audiencia lo zafio, lo grotesco y lo que pertenece a la esfera de lo íntimo.
A Pilar le van las distancias cortas. La novela está construida como una secesión de relatos breves que casi pueden leerse de modo independiente, instantes como la vida misma que tienen su hilo conductor y su unidad en la voz de la maestra-cajera-narradora.
Mención aparte merecen los apartados que denomina “Sesiones de supervivencia”, en los que parece que asistimos a sesiones de psicoanálisis de terapia gramatical. Aquí se nota que a Pilar le gusta columpiarse en las palabras, como ella misma dice en la dedicatoria de la novela. Juega con ellas, las reinventa y, al mismo tiempo, deja traslucir, en ese juego, una crítica cargada de ironía y sentido del humor sobre los tiempos que nos están tocando vivir, en los que parece que todo vale, incluso el desprecio del saber y del lenguaje que, sin embargo, constituyen la esfera más genuina de lo humano, que Pilar reivindica, y dicho queda.