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domingo, 6 de enero de 2013

A LA MEMORIA DE BLAS VEGA





Descansa José Blas Vega
en su heredad zamorana:
un trozo justo de tierra
a la sombra de una acacia
que bebe de sus cenizas
tangos, tonás y tarantas
que suben por su corteza
hasta las ramas más altas 
para llevar a las hojas
los nutrientes de su savia:
toda una vida al flamenco
y a su rigor dedicada.



domingo, 21 de noviembre de 2010

EL FLAMENCO, PATRIMONIO INMATERIAL


Entre el sábado 13, dedicado a la guitarra, y el sábado 20 de noviembre de 2010, dedicado al cante y al baile, en el marco del XXXVI Festival Flamenco de Cáceres, se ha producido la declaración de la UNESCO en la que se proclama al arte flamenco como patrimonio inmaterial de la humanidad, reconocimiento al que aspiraba desde 2005.
Que el flamenco es universal es una afirmación que se corresponde con la realidad de este arte desde hace ya algún tiempo. Que ahora desde Nairobi la UNESCO haya ratificado este hecho no hace sino constatar algo que, además, no puede ser de otro modo: que las instituciones sancionan lo que ya en la realidad es un hecho incuestionable.
La expresión de lo jondo en el cante, toque y baile constituye un modo de ser y, sobre todo, de sentir que hunde sus raíces en la tradición poético musical española que, a su vez, se ha nutrido de la musicalidad de muchas y variadas culturas que confluyeron y dejaron sus huellas en esta península del oeste europeo que fue al parecer el mortero definitivo donde fraguó esa manera de expresar y de sentir que con el tiempo se enriqueció con aportaciones personales y devino un arte heterogéneo y plural que ha traspasado fronteras y que, a partir de ahora, abierto en el aire, pertenecerá a todos los que quieran beber de él y sentir a través de él las distintas manifestaciones del corazón humano.

sábado, 17 de julio de 2010

PRUEBAS SELECTIVAS DEL CANTE DE LAS MINAS EN VALLADOLID



El día 28 de junio, domingo, se celebró en Valladolid una de las fases clasificatorias del Festival Internacional del Cante de las Minas, del que este año se cumplen 50 años de su nacimiento. Con la intención de disfrutar del evento, salimos de Cáceres a medio día, en mangas de camisa debido al calor, y llegamos a la capital del Pisuerga alrededor de las cinco y media de la tarde. Aparcamos el coche al lado del instituto Nuñez de Arce, donde estuve en octubre de 2008 para impartir una charla sobre educación para la ciudadanía, en concreto sobre las desigualdades y los conflictos en el mundo actual, que organizaba la Fundación Cives; fue en este centro educativo el último lugar y la última vez que vi y charlé con Claudio López Serrano, de grato recuerdo, que aunque natural de Aldeanueva del Camino, habitaba hace ya algún tiempo en Valladolid.
Una vez dejado el coche, recorrimos los alrededores, las calles porticadas, la plaza; contemplamos la Catedral, el Teatro Calderón, el Patio Herreriano; visitamos también la estación del ferrocarril, en ebullición a aquella hora de trenes que entraban y salían, gentes con maletas, despedidas y besos. Cuando dejamos la estación, la lluvia, que había estado amenazando toda la tarde, comenzó a caer de forma persistente.
No obstante, y a pesar de llevar mangas cortas, como manda el verano, continuamos nuestro paseo por Campo Grande, la Plaza de Zorrilla, el Parque de las Moreras, donde la lluvia empezó a caer con más fuerza.
Nos encaminamos hacia el Patio de la Hospedería de San Benito, pues ya se iba acercando la hora de comienzo de las Pruebas selectivas a la L edición del Festival Internacional del Cante de las Minas, que se iban a celebrar en ese lugar y dentro de las VII Jornadas Flamencas “Ciudad de Valladolid”. La lluvia, poco a poco, dejó de caer, aunque la tarde seguía amenazando con negros nubarrones de tormenta.
Las pruebas selectivas se celebraban al aire libre y los participantes fueron, al cante, Pedro Peralta, de Cáceres, Sara Salado, de Jerez, Miguel Ortega, de Sevilla, y Cristina Soler, de Huelva; al toque el único participante fue José María González Bonilla, conocido como “El Mami”, y al baile, los participantes fueron Inmaculada Aranda, de Córdoba, y Cristian Pérez Sanchidrián, de Madrid.
En ese escenario nos enteramos, por el presentador, del fallecimiento de Luis Caballero, al que tuve ocasión de escuchar en Cáceres hace algunos años con sus facultades ya bastante mermadas.
Comenzaron las pruebas selectivas con las últimas luces del día y con presagios de lluvia otra vez, y aunque el tiempo respetó a los primeros participantes, la lluvia volvió a caer cada vez con más terquedad. Los que habíamos llegado del sur en mangas cortas no pudimos aguantar mucho y nos refugiamos en el interior, siguiendo las actuaciones a cubierto. Algunos, pertrechados con impermeables y paraguas aguantaron sentados estoicamente en el patio contemplando las distintas intervenciones, hasta que los responsables del sonido consideraron que era peligroso continuar con tanta lluvia.
Quedaban únicamente las actuaciones de Cristina Soler y Pedro Peralta al cante y la última actuación del bailaor de Madrid, Cristian Pérez. La organización y los participantes que quedaban decidieron continuar en el interior del claustro, y así se hizo. Aunque sin medios técnicos, pudimos contemplar y escuchar, desde mi punto de vista, las mejores actuaciones de la noche, de las que me quedo con una serrana y unos jaleos de Pedro Peralta. Apenas quedábamos unas 15 personas.
Salimos de Valladolid a la una y media de la madrugada y llegamos a Cáceres alrededor de las cinco de la mañana, pero mereció la pena.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

EL DUENDE DE MARIA JUNCAL BORRULL

EL DUENDE DE MARIA JUNCAL BORRULL

(PRESENTACIÓN DE LA BAILAORA EN EL XXXII FESTIVAL FLAMENCO DE CÁCERES)


En la mitología griega las Musas son las divinidades protectoras de las artes, y cuando se dice de alguien que está soplado por la musa, se quiere hacer referencia a que está inspirado para hacer o decir con acierto o con gracia. En la creación artística o poética se utiliza el término inspiración para expresar un estado de ánimo singular en el que se encuentra el artista para llevar a cabo su obra.
En el flamenco se usa otra expresión para significar lo mismo: “tener duende”, que es cuando alguien tiene un don, una gracia, un encanto inefable o misterioso, una manera especial de ejecutar el cante o el baile.
María Juncal Borrull encantó a mediados de agosto al auditorio de La Unión con su forma de bailar: Plástica en su composición y femenina en su ejecución, sensual y sutil, componiendo su figura sin extravagancias ni exageraciones, con hechuras flamencas, y hablando con sus manos, con sus brazos y con la expresividad de su rostro, atrapó las miradas y los deseos de los que allí nos congregábamos en aquella noche mágica. Felina, arrebatadora y con talento, sabe moverse en el escenario con ternura y con energía, y, además, sabe hacer sentir el baile, transmitirlo a los que la contemplan.
Corazón y técnica, arte, sentimiento y saber hacer mezclado todo en un cóctel femenino de hondas raíces flamencas.
No en vano ha aprendido y ha trabajado con figuras de la talla de Manolete, Güito, Merche Esmeralda o Milagros Menjíbar, complementando su formación en danza clásica con Damara Brown.
Ella, sin embargo, inició su trayectoria estudiando ballet y danza clásica en Santa Cruz de Tenerife, donde fue alumna de Miguel Navarro, de Rosalida Ripoll y de su tía, Trini Borrull, quien definía la danza “como un movimiento instintivo del hombre, que se presenta expresando reacciones del alma”. Su tía también nos describió la gran “variedad de la danza española… (que) se observará haciendo una somera comparación entre el Norte y Sur. Los bailes del Norte suelen ejecutarse efectuando movimientos de traslación; sin embargo, en el Sur apenas se necesita espacio, puesto que el bailarín puede decirse que no se mueve del sitio, acompañando la danza con movimientos de brazos y manos. La danza del Norte, por lo general colectiva, es graciosa de movimiento y respira cierta ingenuidad, en tanto que la del Sur suele ser individual y se presenta emotiva, excitante, sensual, expresando fuertes pasiones que le dan gran personalidad”.
Y personalidad, talento y fuerza escénica no le faltan a María Juncal Borrull. Su belleza y su temperamento hacen que nadie quede impasible ante su presencia, y si a ese buen hacer añadimos el que pertenece a una de las sagas flamencas más importantes y con más tradición; que por sus venas, además, corre sangre flamenca de más de un siglo, vamos a contemplar esta noche a una “bailaora” que dará mucho que hablar, estamos seguros, en años venideros.
Como dato curioso, decirles que entre sus ancestros se encuentra Mercedes Borrull, la Gitana Blanca, musa de Julio Romero de Torres, sin olvidar a su padre, guitarrista flamenco con conocimientos de la guitarra clásica, que acompañó a Manuel Torre y a Vallejo, y a su bisabuelo, Miguel Borrull Castelló, “tocaor” preferido de don Antonio Chacón.
No obstante, los genes no son suficientes, y ella lo sabe, o lo intuye, por lo que ha hecho del esfuerzo, de la disciplina y del rigor sus compañeros de camino en el difícil mundo del flamenco, y para que ustedes puedan juzgar con conocimiento de causa, este noche tendrán la ocasión de contemplarla por farruca, por taranto y por alegrías.
“La Farruca y las Alegrías son bailes que requieren la posesión de temperamento para interpretarlos adecuadamente. El bailarín debe compenetrarse y sentir la música, para que no resulten faltos de emoción. Estas danzas se acompañan de guitarra y de castañuelas, y una de las condiciones esenciales para su ejecución es la posesión de un gran sentido del ritmo, ya que la música, compuesta de rasgueos y falsetas de guitarra, no señala concretamente los pasos y cambios que componen los bailes.
No es raro ver como la misma danza, al ser repetida, cambia y se diferencia de la anterior, lo que es motivado porque estos bailes no tienen una coreografía determinada y el bailarín improvisa o introduce pasos distintos e incluso adapta pasos de otras danzas, que, como ellos dicen, caben dentro del ritmo de la que interpretan.
En estos bailes flamencos, el hombre permanece muy rígido y su baile es a base de zapateados; no así en la mujer, que realiza movimientos muy marcados de caderas y, sobre todo, variadas poses de brazos”.[1]
El taranto, sin embargo, fruto de la imaginación y la creatividad de Carmen Amaya y Sabicas, es un baile más melancólico y sentimental que dramático, y toma el ritmo de la zambra, es decir, de los tangos.
Como estilo coreografiado presenta los elementos del baile flamenco estilizado, esto es, alternancia rítmica en el marcaje de la letra y las escobillas, señalada por las llamadas y los desplantes.
Si Euterpe, musa de la música, y Terpsícore, musa de la danza, se encuentran en este auditorio esta noche, acompañarán, sin duda, a esta exquisita bailaora para llegar directamente al corazón de todos ustedes, porque si de algo estoy convencido es de que cuando finalice este Festival estaremos de acuerdo en una cosa: María Juncal tiene duende.







[1] TRINI BORRULL, La Danza Española. Sucesor de E. Messeguer Editor. Barcelona. Manuales Meseguer, pág. 22.