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jueves, 14 de febrero de 2013

OLÉ






A la vista del panorama desolador con el que convivimos cada día, uno no puede dejar de preguntarse si la Reforma Laboral aprobada por el Gobierno del PP en 2.012 se ideó para crear o para destruir empleo, ya que en el año que se acaba de marchar se han perdido nada menos que 850.000 puestos de trabajo, según las últimas estadísticas, que cifra también en 5.965.400 parados en enero de 2013, lo que provoca que salten todas las alarmas sociales en un país que se ahoga entre las miasmas de la corrupción y las tragedias del paro.
Aquellos que un día afirmaron, cuando eran oposición insultante y descalificadora (véanse las hemerotecas del período Zapatero, por ejemplo), que sabían lo que había que hacer para salir de la crisis y que tenían en sus manos (muy largas, por cierto, como se está sospechando) la solución a los males de España, después de un año de gobierno, no sólo no han sabido ni podido solucionarlos, sino que su gestión ha producido la sensación de que ni siquiera han querido hacerlo, eligiendo la solución más fácil, la menos imaginativa y la más insultante para la ciudadanía; es decir, cargando sobre las espaldas de los más desfavorecidos el peso de la recuperación, mientras que los defraudadores y los corruptos se benefician de amnistías fiscales, de ayudas millonarias o de cómodos retiros o jubilaciones, con pingües dividendos, para que la vejez no les resulte gravosa ni aburrida. Ole.





domingo, 7 de octubre de 2012

NOS DIJO UN DÍA (RIPIOS)





Nos dijo un día un gallego
que se llamaba Rajoy,
estando en la oposición,
que el secreto de la crisis,
también de su solución,
lo tenía bien guardado
en el fondo de un cajón.
Nada de subir el IVA,
ese impuesto facilón,
ni de tocar las pensiones,
la salud, la educación…

Estaban las elecciones
a punto de caramelo,
y tanto Rajoy rajó
a cuenta de Zapatero
y de toda su gestión,
que se llevó sin problemas
los votos de la nación
a las urnas de PP,
como todo un campeón,
con xu xilbido de siempre
como bandera y pendón.

Mas cuando fue presidente
y dueño ya del sillón,
empezaron las promesas
a olvidarse en su cajón.
Donde dije digo, digo Diego,
y se afiló las tijeras.
Y en menos que canta un gallo
nos dejó tan trasquilados
y con tan poco vellón,
que apenas tenemos fuerzas
para morirnos de frío
al lado de un radiador
que tenemos apagado,
para ahorrar calefacción.


Creció la prima de riesgo,
el paro, la deuda… Adiós
a la paga de Navidad:
no tomaremos turrón
ni beberemos champán,
y de la cuesta de enero
no me apetece ni hablar.
Y lo peor de este aguacero
es que no quiere escampar
hasta que el agua nos cubra
el velo del paladar
y nos deje a la intemperie
desnudos, sin un real.

Ahora no, más tarde, luego…
¡Qué dudas con el rescate!
Quizás es que los gallegos
dudan por obligación
cuando están en el gobierno,
no tanto en la oposición;
quizás porque ahora actúan
al dictado de otro señor
que tiene dientes de lobby
y apetito de predador
y quiere zamparse vivos
los sueños de los que no
quieren conformarse
con ir de mal en peor.