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viernes, 29 de noviembre de 2013

TELEVISIONES





La televisión se ha convertido en un elemento imprescindible de nuestras vidas, en un icono tan extendido y tan demandado, que sería difícil encontrar alguna casa en el denominado primer mundo donde este aparato no presida el salón de la misma; incluso que existan varios de ellos repartidos por habitaciones, cocinas, patios, cocheras, etc., como si su presencia se hubiera hecho inevitable y fuera primordial su multiplicación sin cesar a medida que sus contenidos reiteran la mediocridad, los tópicos, la vulgaridad y el cacareo social y mediático hasta límites inverosímiles.
Lo que podría ser un instrumento de información y de transmisión de la cultura, del arte, del teatro, de la ciencia o del buen cine, y una herramienta realmente valiosa desde el punto de vista educativo y formativo de la ciudadanía, se utiliza en gran medida para airear los vómitos y los trapos sucios propios y ajenos, emitir cine de la peor calidad, violento, ramplón y sin valor alguno o programas que reiteran de manera constante y tenaz noticias o eventos de naturaleza morbosa, frívola o insustancial.
También se ha convertido en un eficaz medio de propaganda para aquellos que detentan el poder y las dirigen a su antojo con la finalidad de conseguir sus propósitos, bien sean políticos, económicos o de credo, incluso aunque tales cadenas televisivas se sustenten y se mantengan con dinero público.






viernes, 9 de octubre de 2009

QUÉ MÁS DA QUE NO CONOZCAN

En la actual coyuntura
y tal como está el mercado,
¿quién convence a los alumnos
que estudiar no es un pecado?
¿No es mejor, pensarán ellos,
ser futbolista aplicado
que, con un pelín de suerte,
ganará multiplicado
lo que ganan en su vida
todos los miembros de un Claustro?

Qué más da que no conozcan
la geometría o el cálculo
o que no sepan quien fuera,
por ejemplo, John Dos Passos,
ni Cortázar, ni Neruda,
ni Copérnico ni Erasmo.

“El dinero es lo que importa”
es el mensaje encriptado
que a diario se percibe
por todos los ciudadanos
que circulan por la red,
por la tele, labio a labio,
y que se cuela en sus mentes
de adolescentes primarios.

Qué más da que nada sepan
de Aristófanes o Plauto,
de Ionesco o Calderón,
que ni amen el teatro,
¿acaso no se valora
mucho más el Gran Hermano
que, además, no necesita
de esfuerzo, guión o actos?

¿No es mejor ser un torero,
un cantante o un chiflado
que cuenta sus veleidades
a un público anonadado
al que se le van los días
frente a la tele sentado
y disfrutar de la vida
con los bolsillos inflados
que pasarse horas y horas
con los ojos agachados
aprendiendo logaritmos,
fórmulas y nombres raros
que no dan conversación
ni en los andenes del paro?

¿Con qué argumentos podremos
convencerles que estudiando
se enriquece y se transforma
la esencia del ser humano,
se curan enfermedades,
se desvelan los arcanos
y misterios que nos tienen
en sus miedos encerrados,
se mitigan los dolores,
y se idean nuevos fármacos
que nos hacen el vivir
mejor y menos amargo?