miércoles, 11 de septiembre de 2013

RELAXING IN SPAIN







Mientras que los intereses de los partidos políticos estén por encima del interés general de la ciudadanía no veremos otro modo de hacer política que aquel que está dominado por las jerarquías y sometido a las cúpulas dominantes correspondientes, un modo de hacer política más encaminado a salvar las espaldas de los sinvergüenzas o los responsables de cualquier extravío que se produzca en sus líneas, que a buscar la verdad o la justicia; un modo de hacer política más orientado a ocultar o a destruir las pruebas de la verdad o los datos que arrojen luz, que a depurar responsabilidades políticas o penales de los autores o de los causantes de tales acciones; un modo de gobernar más preocupado por los índices de popularidad, por la obtención de votos, por alcanzar o mantener el poder a toda costa, que a velar por el bienestar y la mejora de la sociedad que ha confiado en ellos precisamente para que realicen esa labor.
Lo que ha sucedido en la sede del Partido Popular este verano, la destrucción de la información que se almacenaba en los discos duros de los ordenadores que estaban en su poder en su sede de la calle Génova, ¿no es destrucción de pruebas?, ¿no es obstrucción a la justicia?, ¿no es un claro indicio de que la transparencia parece que siempre se quiere para los demás, pero nunca para nosotros mismos o nuestros intereses?
¿Se imaginan ustedes lo que le podría suceder a cualquier ciudadano si hiciera lo que se ha hecho en la sede del Partido Popular?
Otras preguntas están en el aire y en la mente de todos: ¿Por qué tardó tanto el juez en ordenar lo que tenía que haber ordenado mucho antes? ¿Por qué tenemos la impresión de que lo que ha sucedido ha sido la crónica de una destrucción anunciada?
Dado, además, que se están tramitando leyes en el Parlamento con el fin de evitar la opacidad, y que los textos de estas leyes están en manos de la mayoría parlamentaria de los diputados de un partido bajo sospecha, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Son estos son los más adecuados para elaborar y aprobar una ley que defienda y garantice la verdad y la transparencia?
Es posible que todos los políticos sean iguales, sobre todo porque se constata o no nos consta que ninguno haga nada por acabar con los privilegios trasnochados de su clase, pero es bastante improbable que todos los políticos sean tratados de la misma manera por los que tienen la responsabilidad de ser ecuánimes en su trabajo de impartir justicia, o por la misma ciudadanía, más comprensiva y tolerante con unos que con otros.
En fin, tal y como está el patio de este país, que oscila con velocidad de Fórmula 1 entre la excelencia y el disparate, no sé si tomarme una “relaxing cup of café con leche in the Plaza Mayor” o decantarme por una “romantic dinner in el Madrid de los Austrias” de Ana Botella.



jueves, 22 de agosto de 2013

VAYA TELA (RIPIOS)





(Para cantar como “La flor de la canela”)


Vamos amarraditos los dos
con sobres y sobresueldos.
Tú, como tesorero felón;
yo de jefe de gobierno.
La gente nos grita
ya de todo por la calle:
corruptos, sinvergüenzas,
ladrones y miserables.
Mentirosos también nos llaman,
pues dejamos de cumplir
muchas promesas que hicimos
de forma poco sutil.
Te fastidia,
ya sé que te fastidia,
que se monte este carnaval
y no tengamos disfraz.
Desde luego,
pareces memo;
cómo se te ocurre, Luis,
anotar todos los pagos
y entregarlos a los medios.







miércoles, 24 de julio de 2013

VOLUBLES Y CAPRICHOSOS



 

 

El término capricho es definido en el diccionario de la RAE como una “determinación que se toma arbitrariamente, inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original”. Los caprichos, se produzcan en el ámbito que se produzcan (exceptuando, quizás, el ámbito creativo o artístico), obedecen a decisiones poco meditadas, fruto más bien del momento y no de una decisión sopesada y responsable.

En política, por ejemplo, los caprichos suelen ser características que tienen las acciones y prácticas que realizan los dictadores o los gobernantes que, en su soberbia, se creen dueños de haciendas y personas, sobre las que puede decidir en función de su humor o sus antojos, al margen de la ley o pasando por encima de ella.

En el ámbito personal, estas acciones caprichosas también son fruto de personalidades inestables que actúan al arbitrio de sus propios deseos, sin importarles las consecuencias de esos actos pueriles e irreflexivos puedan provocar en los demás, sean personas o animales, actos a veces consentidos por los que deberían poner más cuidado en que tales actos no se produjeran, como los padres.

En verano, en época de vacaciones, se suele poner al descubierto la naturaleza de estos caprichos. No hay más que visitar las perreras municipales para comprobar las consecuencias de las decisiones tomadas a la ligera: cientos de mascotas son abandonadas en estas épocas porque se han cansado ya de ellas sus dueños o porque no pueden llevarlas consigo al lugar donde van de vacaciones, sin importarles, al parecer, el destino o los sufrimientos que tales decisiones puedan acarrearles.

Abandonar mascotas en esta época se ha convertido en una costumbre que ilustra de modo adecuado nuestra naturaleza antojadiza y voluble, nuestra falta de humanidad.

 

 

 

 

 


 

sábado, 20 de julio de 2013

IMÁGENES, NOTICIAS y REPETICIONES






Abro la ventana de Internet un día cualquiera, 8 de julio de 2013, y me encuentro las siguientes noticias, entre otras más o menos del mismo cariz: Nueve muertos tras despeñarse un autobús a la altura de Tornadizos (Ávila) por causas desconocidas; tres muertos en la explosión de un tren en Cánadá; tres muertos en las carreteras el fin de semana; más de 40 muertos en las calles de El Cairo; el julio han muerto 19 personas por ahogamiento (en España); corrupciones Bárcenas y CÍA o última jornada del “caso Bretón”, que son el pan nuestro de cada día; y así sucesivamente. En paralelo, noticias de decoración, moda, ofertas de lugares paradisíacos, mucho deporte, dietas, novedades de juegos que se editan y otros entretenimientos que hacen de la red un mercado mundial donde parece que prima lo novedoso, lo inmediato, lo trivial e intrascendente frente o en paralelo a la miseria, la muerte, el morbo y la corrupción que no nos abandona. En la televisión, poco más o menos de lo mismo, de tal modo que la persona que salga poco a la calle, por edad o por condición, creerá que el mundo es un continuo de despropósitos, desatinos, morbo, corrupciones, accidentes, delincuencia y muerte a todas horas, y lo considerará lo más normal, creerá que éstos son los elementos más predominantes de nuestras sociedades; su credo será este rosario de noticias, crónica insistente y machacona de los disparates, las barbaridades y las necedades de una sociedad conformista y poco rigurosa con los contenidos de su presente y con los cimientos de su futuro .
Hoy lo que existe es lo que está en las pantallas. La imagen se ha hecho hegemónica y devora todo lo que encuentra a su paso (cultura, pensamiento, memoria, tradiciones, formas de vida, relaciones…) con urgencia, avidez y velocidad. Vamos a pasar de reivindicar el ahora como categoría fundamental de nuestro presente, que es lo único que fundamenta nuestro ser, a tener que reivindicar la memoria, la meditación, la reflexión, la búsqueda del pasado, para no perdernos en esta vertiginosa variedad de elementos y novedades que construyen el vacío de cada día y que valen en la medida en que son repetidos y repetidos hasta que dejan, por hastío, de tener el valor necesario para seguir repitiéndose.
Lo cierto es lo que se repite y se manosea hasta la saciedad, por los canales mediáticos que multiplican el mensaje por cualquier rincón de esta aldea global, hasta que en el cerebro no cabe otra fórmula más que esa que se corea y se reproduce continuamente. La apariencia ha adquirido más consistencia que la verdad.






miércoles, 10 de julio de 2013

SI QUIERES SABER



Si quieres saber qué cuesta
nadar contra la corriente,
prueba a mostrar tu disenso
con el sentir de la gente,
con la voz del poderoso,
con las creencias de siempre.





sábado, 6 de julio de 2013

¿SON MEJORES LOS DOCENTES QUE TIENEN HIJOS?


 

 

Escribo estas líneas porque no puedo estar de acuerdo con mi colega Felipe Fernández, director del I.E.S. Hernández Pacheco, cuando afirma en una de sus columnas semanales que aquellos profesionales de la enseñanza que tienen hijos son mejores educadores que los que no los tienen. Y no puedo estar de acuerdo con tal afirmación, no por capricho o por ocurrencia de verano, sino por mi experiencia docente que, como la suya y a lo largo de los años, ha contemplado a profesionales sin hijos con una capacidad docente magnífica, y docentes con hijos cuya práctica docente es, simplemente, merecedora de apartarles de la profesión para siempre. También existen docentes con hijos que dignifican y enriquecen la profesión y los hay sin hijos que la deshonran y la degradan día a día. De todo hay, pues la variedad y la pluralidad es una de las características más notables de la especia humana.

Además, todo se aprende, incluso el desacreditado y poco valorado arte de transmitir a las generaciones futuras los valores, las informaciones y los conocimientos relevantes y valiosos que han conformado nuestra historia en los aspectos más significativos de la literatura, el arte, las matemáticas, la filosofía, las ciencias o la tecnología y la música, por poner algunos ejemplos.

Si hay algo que nos define como especie es la capacidad que poseemos para aprender cualquier cosa, incluso el modo o la manera de enseñar a los demás con el método o el procedimiento que consideremos más adecuado, y esa capacidad no la proporciona de modo automático y genético el hecho de ser padres, o el estado civil, sino que tiene que ver con la preparación, el interés, la dedicación y el sentido del deber para cumplir convenientemente con aquello que se ha elegido para desarrollar la vida profesional de cada uno.

Ser un buen profesional de la enseñanza, como en cualquier otro ámbito laboral, no es una lotería, una determinación genética o un milagro, sino el producto del esfuerzo continuado por aprender la mejor táctica para inculcar a los alumnos todo ese caudal informativo y axiológico que consideramos que es el más adecuado para seguir construyendo mejores ciudadanos y profesionales bien preparados para que puedan desarrollar su labor y su ciudadanía en sociedades cada vez más complejas. 

 

 


martes, 18 de junio de 2013

A RÍO REVUELTO...




Cinco días llevan mareando la perdiz de la venta de la venta de determinados terrenos, fincas o propiedades de la Infanta Cristina, sin que parezca que el asunto esté claro. ¿Vendió o no vendió esas 13 fincas? No debe ser tan difícil comprobarlo, pensamos los ciudadanos normales, a los que la Agencia Tributaria rápidamente nos pone firmes y nos llama al orden cuando cometemos algún error.
¿Qué se oculta, pues, detrás de esta noticia que, al parecer, nadie quiere aclarar? ¿Es posible, o creíble, que la Agencia Tributaria, en el informe remitido al juez José Castro, haya cometido hasta 13 errores?
¿Es posible, o creíble, que no se hicieran las comprobaciones pertinentes, sobre todo tratándose de quien se trataba? ¿Y si se hicieron, es posible, o creíble, tanta contradicción?
Se dice que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. ¿A quién o a qué intereses favorece tanta confusión informativa y mediática?
Demasiados interrogantes, respuestas confusas y ausencia total de responsabilidades, sazonan otro amargo sapo, el enésimo ya, que la ciudadanía de este país está tragando en salsa de crisis y en una ceremonia de la contaminación que está haciendo trizas, no sólo la economía de los ciudadanos menos favorecidos, sino la convivencia y la confianza de todos en las instituciones y los órganos competentes del Estado que, al parecer, cada vez están más lejos y más alejados de aquellos a los que debería proteger, informar y ayudar.
Alguien (asociaciones de ciudadanos, poder judicial, nuevas formaciones políticas...) debería poner en orden tanto desbarajuste, tanta manipulación y tanto escándalo en un país que lo que necesita con urgencia es una regeneración que comience, no desde la base, sino desde la cúspide de un sistema que se pudre día a día en sus instituciones más representativas.