domingo, 19 de diciembre de 2010
HABITACIÓN CON VISTAS I
Si viajan a Figueiró dos Vinhos, no dejen de alojarse en el Residencial Malhoa, de ambiente familiar y acogedor. Si piensan pasar allí alguna noche, si pueden y se acuerdan, soliciten la habitación 307. Si además, sienten curiosidad por mirar por las ventanas de los lugares en que se alojan, no dejen de atisbar el exterior al que se orienta la mencionada habitación, y disfruten de sus vistas. Se llevarán una sorpresa.
OS MANOS
En algunos lugares de Figueiró dos Vinhos el tiempo parece haberse detenido. No sólo en sus calles, vacías y silenciosas cuando llega la noche, sino en el plácido abandono de muchos de sus edificios, que nos hablan de otro tiempo quizás más próspero. Conservan, sin embargo, sus habitantes una amabilidad y una generosidad que forma parte también de un patrimonio que los tiempos modernos no han logrado aún doblegar y que se respira sobre todo en los lugares más sencillos, en los que se reúnen los parroquianos a beber un vino del país y a conversar entre ellos o con aquellos que les visitan; como Os Manos, una tasca, como la llamaríamos aquí, situada casi en el centro de la villa, atiborrada de objetos y regentada por un dueño simpático y conversador que por 30 céntimos te sirve un vino de la tierra, te permite cascar y pelar un huevo duro a modo de pincho que expone en la barra en una especie de paleta de pintor, sazonarlo con sal y pimienta y saborearlo al compás del vino y de la conversación. Es la filosofía del que tiene un negocio para vivir y disfrutar de él haciendo disfrutar a los demás y no para hacerse rico deprisa y corriendo en pocos años y dedicarse después a otra cosa. Y ambas cosas se notan.
FIGUEIRÓ DOS VINHOS
La localidad portuguesa de Figueiró dos Vinhos está situada en el centro de Portugal, a unos ochenta kilómetros de Coimbra, y se siente orgullosa de su pasado, representado por la Igreja Matriz, del siglo XV, con bóveda de madera, donde está “O Baptismo de Cristo”, cuadro que José Malhoa, que residió en esta villa 40 años, pintó en 1904. También hay en ella otros motivos de interés, como los azulejos que revisten las paredes de la capilla mayor desde 1716 y que cuentan la vida de Juan el Bautista, o la talla barroca del altar mayor.
La traza romántica de la Casa de José Malhoa, de finales del siglo XIX, el Convento de Nossa Senhora do Carmo, de 1601, o la Torre da Cadeia, desde donde se ven unas espléndidas panorámicas de la zona, son lugares obligados en la visita a la localidad de Figueiró, que en noviembre se ve salpicada de caquis, también conocido como palo santo, y sarmientos de hojas rojas, ocres, amarillas y verde pálido, que introducen en el paisaje el heterogéneo colorido otoñal.
martes, 14 de diciembre de 2010
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