domingo, 5 de febrero de 2012

KONIEC




Hace mucho tiempo ponían en la televisión unos dibujos diferentes a los habituales, de los que recuerdo que apenas había en ellos violencia, tan frecuente en los dibujos animados de entonces. Recuerdo ese ambiente de paz, unos dibujos animados esquemáticos, de corta duración, diferentes a los que estábamos acostumbrados a ver, y una palabra al final de los mismos: Koniec. Esta palabra, no sé por qué, se me quedó grabada en la memoria. No sabía ni su origen ni su significado.

Hace algunos años, una persona amiga me dejó un libro de poemas de una autora polaca de nombre impronunciable, repleto de consonantes; el libro se llamaba Paisaje con grano de arena y estaba publicado por la Editorial Lumen. Era una antología de la poesía de Wislawa Szymborska, nacida en 1923 en Prowent-Bnin, cerca de la ciudad de Poznan, en el seno de una familia de clase media, aunque su familia se trasladó a Cracovia cuando ella tenía 8 años y ésta va ser su ciudad desde entonces, en la que vivirá hasta su muerte, acaecida hace unos días, en plena hola de frío polar.

Poco tiempo más tarde, en mayo de 2010, viajé a Polonia, y realicé una visita a un colegio de educación especial, en la ciudad de Przemyśl, a orillas del caudaloso río San. El colegio se llamaba Osrodek Szkolno-Wychowawczy, y estaba dedicado a la memoria de Janusz Korczak, médico polaco, reconocido pedagogo y escritor de literatura infantil, que falleció en agosto de 1942 en el campo de exterminio de Treblinka. Allí pude ver una fotografía de Wislawa Zsymborska en las paredes del colegio, al lado de otras como las de Chopin, Marie Curie, Copérnico, el papa Wojtyla, Czeslaw Milosz o Joseph Conrad, que mostraban de una manera gráfica la memoria de un país en sus hombres y mujeres más destacados, para que el olvido no haga que desaparezcan ni sus gestos ni sus palabras. Me gustó aquel mosaico de rostros conocidos en un país tan lejano.

En estos días, probablemente, el mundo se empobrece otra vez con una nueva ausencia, aunque nos queden, como semillas, sus palabras:



FIN Y PRINCIPIO

(Koniec i początek)



Después de cada guerra

alguien tiene que hacer la limpieza.

Un mínimo orden

no se hará solo.



Alguien tiene que apartar los escombros

de los caminos

para que puedan pasar

carros llenos de cadáveres.



Alguien tiene que hundirse

en el fango y en la ceniza,

en los muelles de los sofás,

en las esquirlas de vidrio

y en los trapos ensangrentados.



Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar la pared,

alguien debe poner cristales en las ventanas

y colocar la puerta en los goznes.



Es una labor nada fotogénica

y requiere años.

Las cámaras ya se han ido

a otra guerra.



Otra vez puentes,

de nuevo estaciones.

Las mangas se deshilacharán

a fuerza de arremangarse.



Alguien, escoba en mano,

recuerda aún cómo era todo.

Alguien escucha

y asiente con la cabeza que no le arrancaron.

Pero pronto, muy cerca,

empiezan a pulular

quienes lo encuentran aburrido.



Alguien todavía a veces

de debajo de una mata desentierra

argumentos oxidados

y los arroja al montón de desechos.



Quienes saben

la trama de la historia

tienen que ceder

a quienes apenas la conocen.

Y menos que apenas.

E incluso casi nada.



En la hierba que ha crecido

sobre causas y efectos

alguien debe tumbarse

con una espiga entre los dientes

para contemplar las nubes.







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