lunes, 18 de abril de 2011

¡A LA CALLE!



Telefónica, la mayor empresa nacional por valor bursátil, va a recortar el 20% de la plantilla en España en los próximos tres años, lo que supondrá la salida de alrededor de 6.000 trabajadores… El recorte anunciado por Telefónica sería uno más en la larga lista de ajustes laborales que ha llevado al paro a casi cinco millones de ciudadanos, si no fuera porque concurren dos circunstancias que lo hacen especialmente delicado: telefónica presentó unos beneficios récord de 10.107 millones de euros en 2010, los mayores conseguidos por una empresa española, y va a distribuir 7.300 millones de euros entre sus accionistas en forma de dividendo, también récord en la historia empresarial española.

Hasta aquí la noticia, como otras que aparecen últimamente de vez en cuando mostrándonos la cara más dura, la desvergüenza y la falta de pudor de unas empresas que, al fin y al cabo, viven de la sangre que chupan a los ciudadanos, de su esfuerzo o de su inconsciencia. Pero así contribuyen ellas a la salida de la crisis.

Lo más trágico de esta situación es que no se plantean alternativas, que no se muestran nuevos horizontes por los que encauzar una acción política que abogue por los derechos y libertades de los ciudadanos y la equidad de las estructuras socioeconómicas en las que deberían vivir. Si el Estado no defiende una vida mejor para todos y se conchaba con los poderes económicos y mediáticos para impedir esa equiparación social y económica de todos, que ha sido el modelo de progreso de los últimos años, ¿para qué queremos al Estado?

No sé si España sigue en marcha, como dice el título del poema de Gabriel Celaya, o se ha parado del todo y está inmovilizada, entumecida e insensibilizada por un modo de vida que ciega su propio devenir, pero quizás sea necesario recordar algunos de sus versos y pensar en ganar de nuevo ese lugar común: ¡A la calle! que ya es hora / de pasearnos a cuerpo / y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.

Stéphane Hessel también llama a la insurrección pacífica en su libro Indignaos, escandalizado ante ciertas situaciones actuales en el mundo, y quizá sea la calle, como han hecho los países árabes, el territorio de todos en el que debemos mostrar nuestra indignación de ciudadanos cansados y hartos de la falta de equidad, del derroche, la desvergüenza y el cinismo de aquellos que dicen velar por nuestros intereses.




2 comentarios:

Yo mismo dijo...

Joaquín, por desgracia este país (antes llamado España), cada día se va pareciendo más a "Repúblicas Bananeras", que por pudor ni quiero nombrar. Un abrazo.

Joaquín Paredes Solís dijo...

No creo que nos parezcamos a una república bananera, pero sí que estamos lejos de ser un país que brille por su justicia social o su compromiso con una mejora real de las condiciones de vida de todos. Nos hemos instalado en una crispación política y social constante y en una mediocridad cultural que prima lo chabacano, el cotilleo y el insulto como elementos primordiales de la vida pública y del triunfo personal.
Me temo, sin embargo, que todos tenemos algo de responsabilidad en esta deriva de nuestra sociedad hacia lo más banal y huero, ya que no hemos sabido encauzarla en dirección más adecuada hacia lo que, al parecer, muchos pensamos que debería haber sido.
Un abrazo