Mostrando entradas con la etiqueta políticos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta políticos. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de diciembre de 2009

MEDITACIÓN SOBRE LA CRISIS II


Desde pequeño he escuchado una frase muy repetida por mis mayores en la que se hacía referencia a la clase política española que, según ellos, nunca ha estado a la altura de las circunstancias. “España nunca ha tenido buenos políticos”, repetían una y otra vez. Quizás su experiencia les agrió el carácter y les hizo escépticos con respecto a la práctica política. A lo peor tenían razón, a la vista del panorama actual en el que los ediles parecen más preocupados por engordar su patrimonio que por solucionar los problemas de los ciudadanos. Es preocupante, sin duda, el grado de corrupción que planea sobre los políticos españoles. Sin embargo, no toda la culpa será de los políticos. Otro tanto ocurre con el empresariado español, al que, según dice también la opinión ciudadana, le gusta llenarse los bolsillos en épocas de abundancia y lamentarse en épocas de escasez. ¿Dónde están ahora los grandes empresarios y la gran banca, que se han lucrado estos años hasta la saciedad? ¿No es lógico que si han llenado sus arcas con el sudor, las hipotecas, el ladrillo y los ahorros de los ciudadanos, ayuden ahora también con su esfuerzo a superar esta crisis que ha sido fruto, entre otras causas, de su avaricia sin límites? ¿Este país y estas personas a los que tanto elogiaban cuando recibían de ellos beneficios escandalosos, no es el mismo que ahora necesita de sus recursos y de su generosidad?
Parece, más bien, al contrario: que sea el Estado, y sólo él (y, por tanto, los ciudadanos), el que cargue con todas las culpas y la responsabilidad de este aprieto, y el que nos saque a todos de esta encrucijada crítica en la que se halla la economía. Mientras tanto, ellos, los grandes empresarios, juegan con sus dividendos y vuelan y los depositan allí donde pueden obtener más y mejores réditos, a la espera de que nuevos vientos favorables vuelvan a soplar para sus orondas economías.

lunes, 7 de diciembre de 2009

RIPIOS DE LA CORRUPCIÓN

Concejales, políticos, alcaldes...
están tan afanados con sus cosas
que apenas tienen tiempo de ocuparse
de los pobres ciudadanos que los votan.

Están tan enfrascados malversando,
tan embebidos están en sus blanqueos,
tan atentos están prevaricando,
tan absortos en sus fraudes y cohechos,

que apenas si se toman una tregua
para arreglar asuntos cotidianos
de aquellos que creyeron en su lengua.

…Y el país esperando con anemia
que se acabe la codicia de esas manos,
temiendo que se transmute en pandemia.

martes, 25 de agosto de 2009

¿PERSEGUIDOS Y ESPIADOS?

¿PERSEGUIDOS Y ESPIADOS?

Cuando alguien acusa de actos graves a otro se supone que tiene en sus manos datos, pruebas, testimonios que permitan que esa denuncia prospere; si no los tiene, se calla. Ese es el normal proceder de los ciudadanos.
Pero los políticos parecen que pertenecen a otra casta que se sitúa socialmente por encima del bien, del mal y de la prudencia.
Las declaraciones este mes de agosto de María Dolores de Gospedal, de Mariano Rajoy y de Ana Mato afirmando que los dirigentes de su partido son objeto de una persecución por parte del Gobierno nos hace pensar que tienen pruebas irrefutables que avalan tales hechos, así como los nombres y apellidos de los perseguidos y/o espiados, y que deberían personarse enseguida con ellos (pruebas y testigos) al tribunal más cercano para poner en manos de la justicia la gravedad de tales desmanes.
Pues no. Nada de nada. Simplemente unos y otros se reiteran en sus denuncias y en que seguirán denunciando. ¿Denunciando qué? ¿Una intuición, una sospecha, un barrunto? Si tienen pruebas, a los tribunales; si no las tienen, lo realmente grave y dañino para un sistema democrático es sembrar la duda entre los ciudadanos, hacer declaraciones que socaven las instituciones del Estado sin ningún fundamento objetivo; lo realmente grave es la intoxicación que producen estas declaraciones en la opinión pública, el socavamiento de la confianza de los ciudadanos en el sistema democrático, en sus instituciones y en sus políticos.